Cuando llegué a Estados Unidos vine con la ilusión de que a mi familia anfitriona les gustara mi trabajo y decidieran ser mis patrocinadores para una visa de estudio, pero todo se derrumbó cuando noté que por más amor que ellos sintieran por mí, jamás sacarían más de 7 mil dólares semestrales para pagar mi educación y además darme alimentación y vivienda gratis, porque NO puedes trabajar si no tienes una visa de trabajo.

Lo anterior parece lógico, pero adivinen qué, la mayoría de los latinoamericanos que no han intentado hacer su proceso migratorio en este país, no saben lo casi imposible que puede ser obtener una estadía legal y más si eres clase baja o incluso media.

Todos creen que la manera más fácil de hacerlo es venirte de turista y quedarte de ilegal, y que este “generoso país” te dará un sueldo millonario, una vida cómoda, la posibilidad de pedir a tu familia, atención médica y una digna vida educativa. Quizás eso pasaba hace 10 o más años atrás, pero la realidad es muy diferente.

Mi realidad migratoria es una visa J1 la cual me permite estudiar, ser turista y ganar un sueldo, pero adivinen qué, mi sueldo no es considerado sueldo y no es ni la mitad de un salario mínimo estadounidense, y aunque trabajo 45 horas semanales, mi labor no se considera trabajo. Todo esto, da como resultado que no tengo los derechos de un trabajador, pero que debo pagar impuestos que ni siquiera un trabajador con mi salario pagaría. Injusto ¿no?

A demás que debo escuchar falsos imaginarios por mis allegados, como por ejemplo “quédese y me pide”, “dígale a sus jefes que la pidan”, “cásese con un gringo y después lo deja”, entre muchas más ideas que lastimosamente son absurdas. Pero ¿Por qué son tan locas? Enseguida les explicaré de manera sencilla:

  1. Mi visa es J1 (intercambio de cuidado de niños) y aunque estoy manera legal viviendo por 1 ó 2 años en Estados Unidos, no soy considerado residente y mucho menos ciudadano, por lo cual no es posible que tenga sus derechos, por lo cual soy una visitante que está de paso y debe volver a su país de origen.
  • Mis jefes (que se les llama host family) no pueden pedirme, porque no son una empresa (individuos no pueden obtener una visa de trabajo para otro individuo) y segundo porque no tengo un don especial, es decir, el empleador será considerado como patrocinador y deberá obtener una certificación laboral aprobada del Departamento del Trabajo de los EE.UU antes de presentar una petición a USCIS. “La certificación laboral del DOL constata lo siguiente: No hay suficientes trabajadores de los EE.UU. disponibles, calificados y dispuestos para ocupar la posición que se ofrece con el salario actual”, según informe de la USCIS.
  • Si eres ilegal, no tienes derecho a un seguro social, a educación si eres mayor de 18 años, además de soportar salarios denigrantes por lo cual tendrás que tener 2 o más empleos a la vez, muchas veces vivir una experiencia inhumana (pasar hambre, dormir en la calle, entre otros). Y algunas veces es insostenible por lo que tendrás que regresar a tu país con un historial migratorio dañado para ti y tu núcleo familiar. Y si tu estatus es ilegal no podrás casarte y obtener una Green Card.
  • Casarse tampoco es color de rosas, porque aunque logres tu matrimonio, “sólo obtienes un permiso de residencia de dos años conocido como Green Card Condicional, durante ese tiempo, la pareja debe demostrar que su relación no es un fraude (…) Sólo después de cumplir ese período de rigor, el cónyuge extranjero puede comenzar a tramitar la Green Card Permanente, que renueva el permiso de estadía por 10 años”, según el diario digital argentino Infobae. A demás si te divorcias automáticamente cancelas tu proceso migratorio.
  • Ser estudiante en Estados Unidos muchas veces es una cuestión de ricos, porque para obtener este tipo de visado es necesario un sponsor (patrocinador) con un respaldo bancario muy alto, a demás de la garantía de pagar tu estadía en los Estados Unidos, educación, salud y calidad de vida digna, además de pago de impuestos. Para solicitar la F1 (visa estudiantil) es necesario una pre-aprobación de una institución educativa norteamericana, sin embargo no asegura el sí por parte del cónsul.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, es necesario afirmar que es difícil vivir en los Estados Unidos, sin embargo no imposible, de manera legal y correcta. Cabe recordar que no mencioné la visa de turismo, la cual en el actual gobierno y sus regulaciones migratorias, es uno de los procesos más complejos.

Con esta columna no quiero desanimar a quienes su sueño es vivir en el “gran país de la libertad”, pero sí desmitificar ideas que nos hacen creer en nuestros países latinoamericanos. Esto es lo que no te dicen del sueño americano.

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